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Democratizando el liderazgo EN LAS ORGANIZACIONES

23 de marzo de 2016

¡CUENTO corto!, abordar el tema del liderazgo en las organizaciones, ha consistido preferentemente en aumentar las capacidades de algunos -los líderes-, para conducir a otros desde una mejor posición, interpretada como superior. Por esto, es comprensible que el objetivo principal aún sea salir a buscar a quienes cumplen con una lista de valiosos y necesarios requisitos, o a quienes potencialmente puedan “aprender a ser líderes” lo más rápido posible; todo, según el enfoque o teoría particular de liderazgo que se tenga a mano. Hemos invertido mucho tiempo en algunos que se «perfilan» como líderes, desperdiciando talentos y habilidades de otros que no los hemos reconocido como tales.

Esta perspectiva, nos lleva a confundir el Liderazgo con el Líder, considerándolos prácticamente sinónimos. Así es como se comete frecuentemente el error de hacer referencia al liderazgo de alguien, mencionando sus cualidades personales. ¿Qué implicancias positivas tiene hacer una distinción entre liderazgo y líder? Nos permite descubrir que el tipo de convivencia y relaciones en una organización o comunidad, no dependen solamente del líder o sus características personales, sino que de la manera como todos, se apropian de sus sueños y despliegan lo mejor de sí mismos, para hacerlos realidad en coherencia con la situación que enfrenten. De esta manera el Liderazgo es un proceso co-construido y arraigado en propósitos comunes, que le pertenece igualmente al líder como al equipo liderado por él. No es algo que se agota en las cualidades de una persona, es un proceso adaptativo, participativo y transformador. Es posible que cada miembro de un equipo sea reconocido como líder, en la medida que converjan sus cualidades personales con el propósito que el equipo comparte de manera alineada y estratégica con la organización.

La experiencia del liderazgo debe ser accesible a todos, en todas partes y frente a cualquier situación. Ser parte de un proceso de liderazgo, ya sea como líder o como miembro de un equipo, enriquese la vida de las organizaciones, las comunidades y de la sociedad en su conjunto. El camino para posibilitar esto, es democratizando el liderazgo. Es decir, expandirlo a toda la sociedad, movilizando el capital social, que con frecuencia desaprovechamos, porque tenemos los ojos puestos en la imagen tradicional del líder

Democratizar el liderazgo en las organizaciones, por el contrario, propicia condiciones para que todas las personas sean reconocidas como líderes, para que los equipos fortalezcan su responsabilidad en co-diseñar la manera de ser liderados y así, se comprometan juntos con el propóstito que los
cohesiona.

Es hora de tomar una opción, que no es inocua: «democratizar el liderazgo ahora». Así es como se logrará activar el fortalecimiento de motivaciones, habilidades, talentos y propósitos que se han quedado dormidos esprando que un líder las despierte. La convicción que deseamos compartir es que, democratizando el liderazgo, las personas y equipos despliegan un mayor potencial, se orientan a resultados excepcionales y se comprometen con transferir a su entorno social el resultado de su trabajo de manera sustentable. El liderazgo se debe transformar en una competencia «colectiva», que movilice a todas las personas y equipos, a compartir los espacios para liderar con integridad.

Fuente Vertical.

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